Discurso de Charo Sádaba en el Premio Luka Brajnović 2021

Hoy es un día muy especial para la Facultad de Comunicación. 

Entregamos un nuevo Premio Luka Brajnović de comunicación, instituido en honor a un Profesor que dejó una impronta en decenas de generaciones de periodistas; y se le otorga a un antiguo alumno, David Beriain, con una trayectoria excepcional y que lo recibe, tristemente, a título póstumo; cuya semblanza ha sido realizada por otro antiguo alumno y último Premio Brajnović, Marc Marginedas. Nadie podrá negar que es una ocasión única. 

Creo que todos, y muchos que no han podido venir, queríamos estar aquí, y al mismo tiempo ninguno querríamos estar aquí. 

Y es que el premio que entregamos hoy es, a la vez, muy justo y muy injusto. 

Es injusto que la vida de David, joven, vibrante, con un enorme potencial para remover conciencias, haya sido interrumpida de repente por intereses criminales. Que quienes les emboscaron y acabaron con la vida de David y Roberto probablemente ni supieran quiénes eran de verdad, quién les esperaba en casa, en Madrid, en Artajona, o quién necesitaba de su trabajo para que su voz se pudiera oír, lo hace todavía más injusto. 

Pero al mismo tiempo es un premio extraordinariamente justo y merecido. Un profesor de la facultad me dijo el mismo 26 de abril algo que luego escuché repetido en otras personas: «David tenía perfil de premio Luka Brajnović, todos sabíamos que un día lo iba a ganar, aunque nunca que fuera a ser tan pronto, ni por este motivo». 

Lo justo y lo injusto. Nuestra vida está llena de paradojas que tenemos que navegar con nuestra inteligencia limitada y nuestras emociones a veces desbordadas. 

Paradojas que David asumió con naturalidad desde el inicio de su carrera profesional: las raíces bien profundas para volar muy alto. 

La libertad de saberse querido y al mismo tiempo aceptar que un día esos seres queridos podrían recibir una llamada definitiva y muy dolorosa.

Afrontar el reto de conocer y escuchar de verdad a todas las personas, incluso a aquellas con vidas muy poco ejemplares, sabiendo que él mismo podría haberse encontrado en su lugar.  

El pueblo y el mundo.

La familia, la cuadrilla, los colegas y amigos, y la audiencia millonaria a la que mostrar esos mundos desconocidos. 

La pasión por el oficio de contar historias y la implicación en la gestión empresarial que pudiera hacerla posible. 

La vida, el trabajo y el ejemplo de David dan muestra de que esas paradojas propias de la naturaleza humana son conciliables, pueden ser vividas con ilusión, con propósito, con responsabilidad, con amor. 

Y quizá pensemos que la solución a este jeroglífico tan complicado solo está al alcance personas extraordinarias. Porque en eso todos estamos de acuerdo: David era extraordinario.

Fotografía: Jesús Diges, EFE

Y aquí está la última y definitiva paradoja: quienes habéis tenido la oportunidad de conocerle y tratarle como hijo, marido, amigo, socio, colega, nos mostráis a un David extraordinariamente ordinario: alguien que adoraba a su abuela, que añoraba y buscaba volver al pueblo a comer con su cuadrilla, bromista, muy navarro, y que aspiraba a enseñar en el futuro. Alguien que no se dejó llevar por el brillo que a veces te da la exposición pública de esta profesión. 

¿Cómo alguien tan amante de lo ordinario, la familia, las raíces, el trabajo hecho con pasión, puede llegar a ser tan extraordinario?

David era consciente de la responsabilidad de su trabajo. Sabía que no daba igual hacerlo de cualquier manera o hacerlo de la mejor manera posible. Como hemos escuchado, no se conformaba con las primeras respuestas e indagaba hasta encontrar las razones últimas. No se limitaba a contar con las caras de los que están ansiosos por salir en cámara, sino buscaba a aquellos que las rehuían, o a quienes nadie quería mirar por ser demasiado peligroso, o comprometido. 

Sabía también que no podía ser buen profesional si no era buena persona. Y él quería ser un buen profesional, por lo que no nos sorprende que además fuera una persona grande, apreciada, querida. 

Tras el asesinato de David y Roberto no han dejado de repetirse las muestras de afecto y cariño hacia su figura, el dolor por su pérdida como profesional, pero sobre todo como colega, como amigo. 

La pasión por su trabajo consolidó en David el deseo de ser una buena persona, una persona extraordinaria, convirtiendo su talento en una fuerza transformadora tanto interior como exteriormente. Y así ha hecho realidad unas palabras de San Josemaría Escrivá, fundador de esta universidad e inspirador directo de esta facultad: «Que tu vida sea una vida útil. Deja poso». 

David era también muy consciente del valor de libertad: de la suya, de la que él sentía, y del coste de esa libertad para aquellos a los que quería. La libertad no es una mera ausencia de ataduras. La libertad es compromiso, es elección de algo y rechazo de otras cosas. 

La libertad nos da la fuerza para cumplir con aquello que hemos elegido y da sentido, incluso, a la propia muerte. Solo entendiendo esto podemos pensar que David murió libremente: porque quiso estar allá, porque no quiso abandonar a Roberto, porque sabía que su trabajo conllevaba riesgos radicales. Porque su familia, que también entendió la libertad de esta manera descarnada pero auténtica, sabía que quererlo libre era estar dispuesto a perderlo. 

Y que, al perderlo, lo han ganado para siempre. En su legado, en sus amigos, en su voz, en su trabajo. En su figura que trascenderá los límites de su biografía temporal. Si en algo podemos contribuir como Facultad, como su facultad, a que esto sea así, es nuestra responsabilidad y nuestro honor hacerlo. 

Porque David se une a una saga de gigantes que nos aúpan y nos llevan a fijarnos metas ambiciosas. Nos empujan a que en nuestra tarea formativa surjan muchos jóvenes valientes que quieran ejercer su trabajo con libertad y responsabilidad, con un compromiso alegre, muy humano, pero también muy profundo. Para quienes hoy ejercen la labor de periodistas y comunicadores, el ejemplo de David ayuda a recordar que las cosas se pueden hacer de otra manera, mejor, más honda. Más costosa, sin duda, pero mucho más auténtica. 

Al recibir el premio Luka Brajnović de la Comunicación, el nombre de David Beriain, se une al de otras grandes figuras que, como Don Luka, lucharon por defender valores universales como la defensa de la verdad y de la libertad de expresión. Que entendieron que solo en una sociedad donde se escucha a todos, también a quienes nadie quiere escuchar, se puede hablar realmente de progreso y de futuro. 

Este galardón nos permite actualizar la belleza del Premio Luka Brajnović, acercarla a generaciones más jóvenes y hacernos entender que los cambios tecnológicos y sociales hacen más necesario que nunca redescubrir la naturaleza humana que se esconde en quienes nos rodean y en la que se enraiza nuestro trabajo. Decía David que era un mediocre quien no se daba cuenta de la grandeza de las personas a las que tenía delante porque ya las había juzgado con su propio criterio. Ojalá este premio, y su figura, nos animen a estar más cerca de nuestros amigos y colegas, de aquellos con los que trabajamos codo con codo y aquellos para los que trabajamos. Ojala aprendamos a apreciar la escucha y nos ofrezcamos a ser sustitutos de David allá donde estamos, haciendo así más grande su legado. 

No quería terminar estas palabras sin agradecer a todos los que hoy habéis hecho posible que estemos aquí. 

A su madre, Angelines, a Rosaura, a su familia por su generosidad: por dejarnos sentir a David también como nuestro en medio de vuestro dolor. Entendemos que David tuvo la fortuna de contar con referentes claros en los que inspirarse.  

A Rafa Cores que supo impulsar en tiempo record una candidatura que recibió cientos de adhesiones en unas pocas horas. 

A todos el equipo de 93 metros, a todos los que participaron en la emocionante mesa redonda de ayer, a sus colegas y amigos que han respondido a nuestras preguntas estas semanas y nos han permitido elaborar vídeos, noticias y pódcast que llevan la figura de David más lejos y la hacen más grande. 

A Marc Marginedas, que no sabemos muy bien cómo ha puesto en pausa la invasión de Ucrania pero que hoy ha querido estar aquí rindiendo este tributo tan especial a David.

Y al equipo que ha trabajado en la organización de este Premio: a sus amigos MAJ y Bea, a María y Alvaro, a Amaia y a Maga, a Sheila y Canva, y a todos los que han dedicado ilusión, tiempo y mucho cariño. 

En una última paradoja de este acto, sé que todos diremos que hemos recibido más de lo que hemos dado.