Guillermo Azábal, corresponsal

Decía David Beriain a Hernán Zin que siempre formulaba una ecuación en la que si el riesgo que asumía era mayor al valor de la información que podía contar, estaba haciendo mal su trabajo.

Hoy hemos conocido que lo han asesinado junto a su compañero Roberto Fraile en Burkina Faso. Estaban reporteando sobre la caza furtiva en el país y nunca, nunca sus trabajos fueron malos. Pupilo de Leguineche y Meneses, los documentales y reportajes que ha realizado en la última década son un ejemplo, y motivo de orgullo, del mejor periodismo español.

Recuerdo cómo compañeros de profesión mexicanos me hablaban admirados de su serie ‘Clandestino’, cuando entró hasta las entrañas del Cartel de Sinaloa. Ningún periodista del mundo había llegado hasta donde él lo hizo y su serie tocó de lleno al país.

El mejor legado que nos deja son sus producciones, aportando luz en la Amazonía, Colombia, México, Irak, Afganistán, Sudán… o su documental sobre El Palmar de Troya. Y me dejaré muchos por el camino.

A Roberto Fraile ya lo habían herido en Alepo (Siria) y lo primero que hizo tras recuperarse fue medirse contra el enemigo externo (la guerra) y contra el interno (los miedos que todos tenemos) armado con su cámara.

Hasta el último momento se debieron al periodismo, a la verdad y a los derechos humanos; aun sabiendo que hacían sufrir a sus familiares con estas coberturas. Porque las personas de su alrededor, contaba Beriain, «me han querido de la forma más hermosa que existe: libre».

Este periodismo sólo está hecho, como defendía Kapuściński, para las buenas personas; para los que se sientan a escuchar sin vendas ni egos; para los que saben que, aunque la cartera esté vacía y el corazón a mil, merece la pena escarbar y contar.

DEP, David y Roberto.