Pedro Calvo, periodista, le escribe a Miguel Ángel Jimeno
Quería dejar pasar siquiera un par de días antes de escribirte. Pero desde el primer momento supe que quería y que debía escribirte. Y ojalá no hubiera sido así, porque ojalá nada de lo ocurrido en los últimos días hubiera ocurrido. Pero, por desgracia, ha ocurrido.
Si me lo permites, te voy a contar cómo lo viví. Al término de una reunión que tenemos todos los martes por la mañana, mi jefa nos llamó a su despacho. Se trataba de un asunto urgente y sensible, vinculado con Movistar+ y un documental. Llegaban malas noticias relacionadas con dos periodistas que estaban buscando información sobre la caza furtiva en Burkina Faso… “No, no puede ser. ¿No será uno de ellos David Beriáin, no?”, me brotó. Yo, por supuesto, no sabía que David estaba allí ni nada por el estilo, pero fue una corazonada. Una maldita corazonada. Ella se me quedó mirando con cara de sorpresa, porque se lo estaban mandando justo en ese momento. “Sí, es uno de los nombres que me están comentando”. Faltaba la confirmación definitiva, pero nos decían que era prácticamente seguro. Me quedé helado.
Inmediatamente vinieron los recuerdos. Como cursé Primero de Periodismo en Bilbao en el curso 1994/95, cuando llegué luego a Pamplona me convalidaron medio Primero y medio Segundo. David estaba en ese ‘medio Primero’, y fue así como le conocí. Bueno, sobre todo le conocí jugando en el Trofeo Rector, y en varias pachangas posteriores, y hablando incluso de los partidos entre el Alfaro y el Artajonés, de cuando los equipos navarros y riojanos compartían categoría en esa mítica Tercera División.
No era de su grupo íntimo, no estaba tan ligado a él como otros compañeros de esos años y esos equipos, como Carlos Marañón o Rafa Cores, porque yo estaba más ligado a la gente del ‘medio Segundo’, con otro alfareño como Ernesto Pascual, pero sí le tenía mucho aprecio. La vida nos llevó a cada uno por un lado, y hace años que no le veía. La última vez, en un tren que venía de Pamplona. Me alegré mucho de verle y conversamos unos minutos, los suficientes para sentirme orgulloso, porque le admiraba profundamente. Ojalá se lo hubiera dicho entonces; no lo dejo de pensar en los últimos días.
Se trataba de una admiración genuina. Yo siempre me he sentido muy afortunado por haber tenido la suerte de haberme dedicado a lo que me ha gustado, que es el periodismo económico y financiero, ahora en el lado de la comunicación corporativa, y no sé si es justo hablar de ‘periodismos y periodistas de primera o de segunda’, pero tengo más que claro que lo de David era otra categoría. A su lado, todos somos pequeños; su honestidad, su trabajo, su autenticidad juegan en otra liga. Mientras te escribo casi siento que lo hago por desahogo, para honrarle a él a través de ti. Pero también lo hago por otro motivo. Lo hago, y así me lo dicta el corazón, para darte las gracias. Por todo lo que has hecho y sigues haciendo por tantos alumnos y periodistas, por todo lo que haces por el periodismo, por honrar y respetar a esta profesión, en ocasiones tan manoseada y criticada, pero tan absolutamente necesaria. Gracias, de corazón.
